En 30 segundos

Los criterios de Rotterdam (2003, revisados internacionalmente en 2018 y 2023) reconocen tres pilares para diagnosticar SOP: hiperandrogenismo (HA), oligo/anovulación (ANV) y morfología ovárica poliquística (OP). Cualquier combinación de al menos dos define la enfermedad y genera cuatro fenotipos: A (HA + ANV + OP), B (HA + ANV), C (HA + OP) y D (ANV + OP).

Lejos de ser una formalidad académica, el fenotipo define el riesgo metabólico, el tipo de problema reproductivo y la prioridad terapéutica. Las latinas, según datos del HCHS/SOL y revisiones latinoamericanas, presentan con más frecuencia el fenotipo A, el más severo en términos de resistencia a la insulina y síndrome metabólico.

Cuando una mujer recibe «el diagnóstico de SOP», muchas veces sale del consultorio con una etiqueta general que no le dice lo suficiente. Pero el SOP no es una enfermedad monolítica: es un conjunto de presentaciones que comparten un núcleo común y se manifiestan en versiones distintas. Esa diversidad explica por qué dos mujeres con el mismo diagnóstico pueden tener pronósticos opuestos: una desarrolla diabetes tipo 2 a los 35; la otra llega a la perimenopausia sin alteraciones metabólicas mayores. Ambas tienen SOP. Pero no el mismo SOP.

El mapa: los tres pilares de Rotterdam

Para entender los fenotipos hay que volver a los criterios. En 2003, una conferencia europea en Rotterdam consensuó que para diagnosticar SOP debían cumplirse al menos dos de tres hallazgos clínicos:

Los tres pilares del diagnóstico

  1. Hiperandrogenismo (HA) — clínico (acné resistente, hirsutismo medido por Ferriman-Gallwey, alopecia central) o bioquímico (testosterona total o libre elevada, SHBG baja, índice de andrógeno libre alto).
  2. Oligo/anovulación (ANV) — ciclos >35 días, menos de 8 ciclos al año, anovulación documentada por progesterona en fase lútea, o amenorrea.
  3. Morfología ovárica poliquística (OP) — ≥20 folículos antrales por ovario (criterios actualizados con ecografía de alta resolución) y/o volumen ovárico >10 ml en al menos un ovario.

Las cuatro combinaciones posibles de «al menos dos de tres» generan los cuatro fenotipos. Cada uno tiene una firma distinta.

Criterios de Rotterdam — Síndrome de Ovario Poliquístico

Fenotipo A · «el clásico»: HA + ANV + OP

Es el fenotipo más completo: cumple los tres criterios. Es también el más estudiado, el más reconocible clínicamente y, con diferencia, el de mayor carga metabólica. La mujer con fenotipo A típicamente presenta acné mandibular persistente o hirsutismo medible, ciclos largos o ausentes, y ovarios con múltiples folículos antrales visibles en ecografía.

El perfil de laboratorio sugiere testosterona total y libre claramente elevadas, SHBG baja, LH/FSH desequilibrada (cociente >2 en muchos casos), insulina en ayunas alta, HOMA-IR ≥2.5–3 según la población de referencia, y con frecuencia perfil lipídico aterogénico (triglicéridos altos, HDL bajo). La prevalencia de síndrome metabólico en este fenotipo es la más alta entre los cuatro.

Es el fenotipo donde las latinas se concentran con mayor frecuencia, según los hallazgos del HCHS/SOL y revisiones sistemáticas latinoamericanas. Esa concentración no es casualidad: combina la predisposición genética a hiperandrogenismo con un terreno metabólico de base con mayor prevalencia de resistencia a la insulina en la población hispana en general.

Fenotipo A

concentra el mayor porcentaje de mujeres con SOP en Latinoamérica y entre hispanas/latinas en EE. UU. La revisión sistemática PMC sobre características metabólicas del SOP en la región muestra mayor IMC, mayor circunferencia abdominal y mayor prevalencia de síndrome metabólico en este fenotipo frente a los otros tres.

Fuente: Revisión sistemática SOP Latinoamérica — PMC · HCHS/SOL JCEM 2025

Fenotipo B · «hiperandrogénico anovulatorio sin imagen»: HA + ANV

Cumple hiperandrogenismo y anovulación, pero el ovario no muestra morfología poliquística en ecografía. Es decir, clínicamente se parece al A —acné, hirsutismo, ciclos irregulares— pero la imagen no concuerda. Históricamente, este fenotipo se identifica con los criterios clásicos NIH (1990), anteriores a Rotterdam, que no exigían la imagen ovárica.

El perfil metabólico del fenotipo B es comparable al del A, aunque algunos estudios sugieren que es ligeramente menos severo. Tiene riesgo aumentado de resistencia a la insulina, dislipidemia y síndrome metabólico. El manejo es similar: control metabólico, regulación del ciclo, manejo de andrógenos.

Fenotipo C · «hiperandrogénico ovulatorio»: HA + OP

Aquí está la trampa diagnóstica que mencionamos antes. La mujer con fenotipo C tiene hiperandrogenismo —acné, hirsutismo, testosterona elevada— y morfología ovárica poliquística en ecografía, pero ovula. Sus ciclos son regulares o casi regulares. Es la mujer que recibe el diagnóstico tarde porque su «menstruación funciona», y sin embargo carga andrógenos elevados que producen síntomas y un riesgo metabólico real.

El perfil metabólico del fenotipo C es intermedio: tiene mayor riesgo que la población general, pero menor severidad que A o B. Es el fenotipo donde el componente reproductivo —cuando aparece— se manifiesta más como subfertilidad sutil que como infertilidad franca. Y donde la conversación sobre prevención de progresión a tipo 2 cobra particular importancia, porque la mujer y su médica tienden a subestimar el riesgo.

Fenotipo D · «no hiperandrogénico»: ANV + OP

Es el más controversial. Cumple anovulación y morfología ovárica poliquística, pero no hay hiperandrogenismo clínico ni bioquímico. La mujer con fenotipo D no tiene acné resistente, no tiene hirsutismo, su testosterona está dentro de rango — pero sus ciclos son irregulares y el ultrasonido muestra ovarios poliquísticos.

Algunas sociedades (la Androgen Excess and PCOS Society, por ejemplo) ni siquiera lo aceptan como SOP, porque consideran que el hiperandrogenismo es indispensable para el diagnóstico. Rotterdam y las guías internacionales actualizadas sí lo incluyen, pero con la advertencia de que su perfil metabólico es el más leve y su pronóstico el más favorable de los cuatro.

Es el fenotipo donde la pregunta clínica relevante es: ¿es realmente SOP, o es otra causa de anovulación que produjo de paso una imagen ovárica poliquística? El diagnóstico diferencial cuidadoso —descartar hiperprolactinemia, disfunción tiroidea, hipogonadismo hipotalámico funcional, insuficiencia ovárica prematura— se vuelve crucial.

SOP: fenotipos y tratamientos 2023 — módulo formativo

Por qué importa el fenotipo · tres consecuencias prácticas

Saber tu fenotipo no es trivia académica. Cambia tres cosas concretas en tu vida clínica.

Primero, el riesgo cardiometabólico. Los fenotipos A y B exigen vigilancia más estrecha de glucosa, lípidos y presión arterial. Una mujer con fenotipo A merece HbA1c anual desde el diagnóstico, perfil lipídico anual, evaluación de hígado graso, y un umbral más bajo para iniciar metformina o sensibilizadores como inositoles. Una mujer con fenotipo D puede vigilarse con cadencia menos intensiva.

Segundo, la fertilidad. Los fenotipos A y B tienen anovulación franca; cuando la mujer busca embarazo, suele necesitar inducción de la ovulación (letrozol como primera línea, gonadotropinas en casos resistentes). El fenotipo C, aunque ovula, puede presentar subfertilidad por mala calidad ovocitaria asociada al ambiente androgénico. El fenotipo D suele responder a manejo más conservador.

Tercero, el riesgo en el embarazo. Mujeres con SOP, sobre todo los fenotipos A y B, tienen riesgo aumentado de diabetes gestacional, hipertensión inducida por el embarazo, parto pretérmino y bebés grandes para la edad gestacional. Saber el fenotipo permite plantear desde la preconcepción un plan de vigilancia más intensivo y, cuando proceda, iniciar metformina antes y solicitar la prueba de tolerancia oral más temprano en el embarazo —idealmente en el primer trimestre, no en la semana 24-28 estándar.

Pregunta a tu médica cuál es tu fenotipo según los criterios de Rotterdam. Si no lo sabe o no lo ha consignado, pide que se documente: hiperandrogenismo clínico (escala Ferriman-Gallwey) y bioquímico (testosterona total y libre, SHBG), patrón menstrual, y ecografía con conteo folicular. Esa información cambia tu hoja de ruta de los próximos veinte años.

Las latinas y el fenotipo A · una conversación pendiente

Los datos disponibles sugieren que las mujeres latinas e hispanas no solo tienen mayor prevalencia de SOP en general (12% vs. 5.2%), sino una distribución de fenotipos sesgada hacia los más severos. El fenotipo A predomina, con prevalencia notable también del fenotipo B. Esa distribución se acompaña de mayor IMC, mayor circunferencia abdominal y mayor presencia de marcadores metabólicos alterados que en mujeres con SOP de otros grupos étnicos comparables.

Las hipótesis para explicar esto son varias, todas plausibles y probablemente complementarias: predisposición genética en poblaciones con ancestría amerindia, exposición intrauterina (madres con SOP no diagnosticado dando a luz a hijas que repiten el patrón), patrones dietarios con alta carga glucémica, condiciones socioeconómicas que dificultan acceso oportuno a diagnóstico. Lo importante en consulta es: el fenotipo de presentación más probable en una latina con SOP es uno de los dos más severos, y la conducta clínica debe ajustarse a esa probabilidad.

7.5–10%

de las mujeres con SOP ya tienen diabetes tipo 2 al momento del diagnóstico, y el porcentaje sube al considerar específicamente fenotipos A y B en poblaciones latinas. La prediabetes (intolerancia a la glucosa) alcanza al 30–40%.

Fuente: Revisión sistemática SOP Latinoamérica — PMC

Lo que cambia en cada fenotipo · una guía rápida

En la práctica clínica diaria, saber el fenotipo orienta tres decisiones específicas: qué laboratorios pedir con más frecuencia, qué medicamentos considerar antes y qué embarazos vigilar con más cuidado. En el fenotipo A la prioridad es la sensibilización a la insulina —metformina o inositoles entran temprano en la conversación— y la prevención cardiovascular comienza en los 20, no en los 40. Una mujer con fenotipo A que llega al embarazo merece prueba de tolerancia oral en el primer trimestre, no en la semana 24 estándar.

En el fenotipo B la atención clínica se enfoca también en lo metabólico, pero la imagen ovárica normal a veces alivia injustamente la vigilancia. No debería: el perfil de riesgo es comparable al A en muchos estudios, y el manejo dietético y farmacológico no debe relajarse por la ausencia de morfología poliquística. En el fenotipo C, la trampa es la regularidad menstrual: muchas mujeres descartan el SOP porque «sí me viene el periodo», y eso retrasa la conversación metabólica años. En el fenotipo D, la pregunta clínica más útil es si la anovulación tiene otra causa —tiroides, prolactina, hipotálamo— antes de etiquetarla como SOP.

Una observación de campo: el fenotipo puede cambiar a lo largo de la vida. Una mujer joven con fenotipo C puede evolucionar a fenotipo A si el componente metabólico avanza y aparece anovulación. Y, al revés, una mujer con fenotipo A bien tratada puede recuperar ciclos ovulatorios y «moverse» en la clasificación. El fenotipo es una foto del momento, no una sentencia inamovible.

Tu fenotipo no es una sentencia

Un fenotipo A no significa que estás destinada a la diabetes tipo 2. Significa que el reloj corre más rápido y que la ventana de intervención es más estrecha. Significa que el manejo dietético importa más, que la actividad física importa más, que la metformina o los inositoles probablemente formen parte del plan, y que la vigilancia clínica debe ser más frecuente. Significa que cuando llegue el embarazo —si lo deseas— la preconcepción y el primer trimestre exigen un plan claro.

Y significa, sobre todo, que tienes una pieza de información que la mayoría de las mujeres con SOP no tienen: saber exactamente cómo se presenta tu enfermedad. Esa pieza, bien usada, cambia los siguientes treinta años. Es el segundo capítulo del libro que abrimos en el artículo previo —la enfermedad metabólica más subdiagnosticada en latinas— y el preámbulo concreto a los temas que siguen: resistencia a la insulina, prediabetes, gestacional, perimenopausia.